Me hago vieja. Ya son 19 años los que cargo a mis espaldas...
Pues bueno, ¿Qué le voy a hacer?
Aunque me hubiera gustado que vinieran un par de personas que, por motivos varios, no pudieron venir, este año me lo pasé muy bien celebrando mi cumpleaños (cosa que no pasaba desde hacía tiempo).
Les doy las gracias a mis amigos (que seguro que no leerán esto, pero da igual, yo quiero darles las gracias aquí también) por venir, por hacerme reír y por obligarme a bailar, que al final me gustó. También muchas gracias por la exquisita tarta.
Son las dos rebanadas de pan bimbo untadas con Philadelphia más emotivas que he visto en la vida. Y las velas (de esas de coña, que solo se apagan con agua) son el remate perfecto.
Y especiales gracias a mi abuela, que vale un mundo y medio, por prepararme una de mis comidas preferidas y uno de mis postres preferidos. Todo adornado con velitas y un preludio de langostinos antes del banquete.
Esto, simples mortales, es una empanada de pollo made in my abuela. Es una de las cosas más buenas que os podáis imaginar. El pollo se pone en trozos enteros, con hueso y todo. Para comerla hay que destaparla e ir quitando pedazos poco a poco.
Babead.
Mi abuela la hizo por mi.
Te quiero, abuela.
Y de remate...
Un brazo de gitano. Made in my abuela también.
Babead de nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario