Son las doce de la noche. Sentado frente a tu ordenador, de pronto la página solicitada se hace visible.
El fondo de la ventana se vuelve negro, una pequeña llama arde en el centro durante apenas un instante.
Y, por fin, aparece.
En la todavía negra pantalla, unas letras blancas destacan. “Nos vengaremos por ti”, un espacio en blanco y un botón que dice “solicitar”.
El odio te ciega, nada más importa. Tu vida, tu alma, todo es irrelevante. Sólo permanece tu odio, tu odio que arde y quema como el propio infierno.
Sin pensarlo siquiera, escribes su nombre en el espacio en blanco.
De pronto, estás de pie en un campo. Atardece, el sol despide una luz roja que lo cubre todo, de forma irreal, terroríficamente bella.
Ante ti, una niña. Su piel es blanca como la porcelana. Su pelo es negro como la tinta, cae largo y liso como un tranquilo río que transcurre hasta su cintura. Sus ojos son del mismo rojo que cubre todo el lugar.
-Soy Emma Ai- dice.
Extiende su mano, tendiéndote un muñeco de paja, negro, con un lazo rojo anudado en su cuello.
-Cógelo.
Obedeces, con manos temblorosas.
-Si de verdad deseas vengarte, tira de la cuerda roja. Habrás firmado un pacto oficial conmigo cuando lo hagas. La persona que odias será enviada inmediatamente al infierno.
Tu mano se acerca temblorosa hacia el cordón rojo.
-Sin embargo -tu mano se detiene a mitad de camino-, debes paga el precio. Cuando condenas a alguien, dos tumbas son cavadas. Tu alma también caerá al abismo infernal, donde vagará en la oscuridad por toda la eternidad, sin conocer nunca el descanso. Bueno, eso cuando hayas muerto.
>>El resto, es cosa tuya.
Esto es lo que ocurrirá si accedes al correo del infierno a medianoche. El correo del infierno ha estado siempre ahí, más no siempre en internet. A lo largo de los siglos, la forma de contratar los servicios de Emma Ai, más conocida como Jigoku Shoujo, la chica infernal, han ido cambiando, adaptándose a los tiempos que corren.
Las reglas del correo del infierno son sencillas:
-Debes odiar a la persona a la cual quieres condenar.
-Debes acceder a la página web exactamente a medianoche.
-Para confirmar el pacto, debes tirar de la cuerda roja del muñeco de paja que Emma Ai te dará.
-Si aceptas el pacto, la persona que odias irá directa al infierno.
-Una marca saldrá en tu pecho una vez hayas tirado de la cuerda roja. Esa es la señal de que, cuando mueras, también irás al infierno.
Jigoku Shoujo impone sus condiciones, deja en tu mano el muñeco, y se despide dejando la difícil decisión en tus manos.
¿En serio merece la pena ir al infierno? ¿Es tan grande tu odio como para sufrir eternamente, con tal de obtener tu ansiada venganza?
Esa es la pregunta más inquietante que nos lleva a formularnos.
Porque, sabiendo que existe un infierno, que en verdad el castigo eterno es una posibilidad real, ¿En serio firmarías un contrato que te ataría irremediablemente a tan nefasto destino?
Ajeno a todo, cegado por la ira, por la deshonra, por el odio, ¿El orgullo herido, quizá? Por causa de todas esas emociones que se arremolinan en tu interior, finalmente alcanzas el valor para tirar de un extremo del rojo cordón.
Un viento salido de ninguna parte azota tu piel.
<<Se concede la venganza>> susurra una voz mientras el muñeco en tu mano se desvanece.
En otro lugar, en ese preciso instante, el objeto de tu más retorcido desprecio se desvanece en el aire, por arte de magia.
Jigoku Shoujo lo atormenta brevemente, ínfimo aperitivo de lo que encontrará en el otro lado de la puerta, allá de donde no hay retorno, allá donde ha de arrastrarse su alma.
-Oh penosa sombra atada un karma pecaminoso, hiriendo a los demás y haciéndoles daño…
… ¿Te gustaría probar la muerte?...
Las tranquilas aguas del río que lleva al infierno apenas se agitan al paso de la barca, que la niña de negro cabello de tinta y rojos ojos de atardecer conduce con mano firme. La proa hiende blandamente las calmadas aguas como una cuchilla, rodeada de linternas de papel que flotan lánguidamente a su alrededor.
Mientras aquel al que odias se retuerce de miedo, suplicando vanamente la absolución, el perdón, la ayuda que lo saque de allí, Emma Ai rema, impasible, ajena a la patética súplica del condenado.
-Esta venganza te enviará al infierno.
Una marca adorna tu pecho. Una marca indeleble, imposible de arrancar de tu piel y tu alma, una marca que te recordará hasta el fin de tus días tu horrible destino.
Aquel que tú mismo elegiste.
Una vela se enciende. Una vela que lleva tu nombre.
Una vela que, cuando se extinga su llama, significará el fin de tu vida. Y el comienzo de tu estancia en el infierno, como castigo por haber maldecido a otra persona.
<<Nos vengaremos por ti>>