En resumen: miedo superado. Aunque eso no quita que le siga teniendo un poco de desconfianza, temor y respeto al hecho de que algo tan enorme pueda volar. Y tampoco quita que pueda darme una arritmia la próxima vez que me suva a uno y el cacharro se menee más de lo acostumbrado.
Pero bueno.
¿Y para qué me subí en uno de esos, como yo aún los llamo, ataúdes con alas?
... Para irme a París.
A decir verdad, es la primera vez que voy a un viaje con el instituto, y la verdad es que me ha gustado. A pesar de que tuve que subir a pie media torre Eifel, me dolía todo el cuerpo por el tute, la organización por parte de los profesores era una mierda y que una paloma casi me arranca la cabeza, ha sido genial.
Como buena estudiante de artes, fui al museo del Luvre y al museo D'Orsay (si está mal escrito, recordar que soy estudiante de artes, no de francés).
Me gustaron los dos. Al pompidur no entré. Y al L'Orangerine tampoco. Es que había que pagar. Y a mi cuando me dicen que todo va incluído en el precio, es TODO, no suelto un duro de más. Los profesores fueron muy listos, porque dijeron que la entrada en los sitios a los que ibamos no había que pagarla... solo si eres menor de 18. Yo tengo 19. Hay que joderse.
Fui también a la Torre Eifel (que tuve que subir a pie porque el jodido ascensor NO FUNCIONABA), al arco del triunfo, los inválidos, paseé sin rumbo por las calles de parís, me tomé un café en Starbucs (creo que se escribe así).
También al Mouline Rouge (Pero no estaba Ewan McGregor) y a Notre Dame (Pero no estaba Quasimodo. Además de que no se podía subir a las gárgolas).
Y en Mont Matre aprendí una lección de humildad. Ver a los artistas callejeros de allí me hizo darme cuenta de lo mediocre que soy. Había personas que con una simple espátula podían hacer cuadros que parecían fotografías.
Era, en verdad, impresionante.
Aviso... A mí aún me escuecen los ojos. No es apto para todas las edades ni para mentes sensibles. Queda en vuestras manos buscarlo o no.
Estaba justo a la entrada de la sala, no verlo era imposible... fue como... ZAS, bofetada visual. Y trauma de por vida. Lo que no sé, es si el autor es muy profundo, o estaba muy salido...
Y bueno, voy parando ya que me extiendo mucho.
Lo que sí tengo que decir es que estuve en el Hard Rock Café. Y, bueno...
... en una de las paredes...
... estaba...
¡La jodida guitarra de Slash!
¡Firmada!
¡Y con dibujito!
Es el objeto sagrado de mi nueva religión.
Total y en resumen: estoy deseando repetir.
Y, algún día, cuando tenga dinero (lo cual puede ser dentro de muuuuuuuuuucho tiempo) me iré a Japón.
Y, para acabar, un detalle de mis compañeras de piso, que me encontré al volver a casa (a las tres de la madrugada de un domingo) y que me llegó al corazoncito.
Gracias, chicas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario